Traías Lisboa en la voz,
yo, Sevilla entre las manos.
Tú mirabas hacia el mar,
yo incendiaba el calendario.
Nos encontramos de noche
donde el río busca sal.
Tú sabías despedirte.
Yo no sabía esperar.
Tenías lluvia en los ojos
y una canción sin final.
Yo llevaba entre los labios
una verdad por quemar.
Tu guitarra hablaba lento.
La mía quería gritar.
Pero al tocarse las cuerdas
dijeron lo mismo al llorar.
Tú eras puerto.
Yo, camino.
Dos maneras de perder.
Y aunque hablábamos distinto,
nos dolía igual querer.
Dos guitarras, una herida,
dos orillas frente al mar.
Una arde cuando te nombra,
otra llora al recordar.
Dos guitarras, una herida,
un amor sin regresar.
Tú te fuiste con la noche.
Yo me quedé en el compás.
Dejaste el mar en mi casa.
Yo dejé fuego en tu piel.
Desde entonces cada ola
trae tu sombra hasta mi puerta.
En las calles de Lisboa
dicen que te vieron pasar,
con mi nombre entre los labios
y otra forma de callar.
Tú eras calma.
Yo, tormenta.
Tú sabías contener.
Pero hay fuegos que se ahogan
y otros mares que saben arder.
Dos guitarras, una herida,
dos orillas frente al mar.
Una arde cuando te nombra,
otra llora al recordar.
Dos guitarras, una herida,
un amor sin regresar.
Tú te fuiste con la noche.
Yo me quedé en el compás.
Levaste o mar no olhar.
Eu levei fogo na voz.
Nunca soubemos ficar.
Nunca esquecemos nós dois.
No fue tu culpa ni la mía.
Fue la distancia entre los dos.
Tú amabas como quien recuerda.
Yo amaba como una explosión.
Dos guitarras, una herida,
dos destinos frente al mar.
Una canta desde lejos.
Otra no puede olvidar.
Dos guitarras, una herida,
sin promesas que guardar.
Tú te quedas en mi música.
Yo te dejo junto al mar.
Dos guitarras…
una herida.
Dos orillas…
el mismo mar.
La letra se muestra en su idioma original. Las indicaciones de producción y de secciones se han eliminado para la versión pública.