Bajo la luna de Sevilla
camino sola por la sal,
las calles guardan tu nombre
como una herida de cristal.
La noche huele a claveles,
a vino oscuro y a traición,
y en cada sombra que respira
vuelve a sangrar mi corazón.
Dicen que el amor no muere,
solo cambia de prisión,
pero el tuyo dejó ceniza
dentro de mi habitación.
Rosas negras de Sevilla,
arden bajo la luna fría,
cada pétalo es una culpa,
cada espina, una agonía.
Rosas negras de Sevilla,
no me dejen despertar,
si su boca fue mi cielo,
su silencio fue mi mar.
En la plaza sin campanas
baila el viento alrededor,
con los pasos de una novia
que perdió su bendición.
Yo te esperé junto a la puerta
del viejo templo sin perdón,
con un vestido de tormenta
y una plegaria sin voz.
Dicen que el alma perdona
lo que no puede olvidar,
pero el fuego que nos nombra
nunca aprende a descansar.
Rosas negras de Sevilla,
arden bajo la luna fría,
cada pétalo es una culpa,
cada espina, una agonía.
Rosas negras de Sevilla,
no me dejen despertar,
si su boca fue mi cielo,
su silencio fue mi mar.
Ay, corazón,
no cantes más por él.
Ay, corazón,
no vuelvas a caer.
Que la guitarra llore,
que la noche diga amén,
si el amor fue una condena,
yo la llevo sobre la piel.
Vi tu sombra entre los arcos,
vi tus ojos en la cal,
pero al tocar aquel recuerdo
solo abracé la soledad.
Y ahora duermen en mis manos
flores negras sin jardín,
como promesas que juraron
no llegar jamás al fin.
Rosas negras de Sevilla,
arden bajo la luna fría,
cada pétalo es una culpa,
cada espina, una agonía.
Rosas negras de Sevilla,
no me dejen despertar,
si su boca fue mi cielo,
su silencio fue mi mar.
Rosas negras...
de Sevilla...
Ay, mi amor,
mi oscuro amor,
la luna sabe
lo que perdí yo.
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