El piano habla.
La noche cae.
Tu nombre vuelve
donde nadie sabe.
La lluvia tiembla.
La vela arde.
Mi corazón
llega demasiado tarde.
Volví despacio
sin respirar.
La casa estaba
fría como el mar.
Sobre la mesa
quedó tu adiós.
Una palabra.
Ningún perdón.
Las teclas negras
me hablan de ti.
Las teclas blancas
se burlan de mí.
Y cada nota
me hace caer.
Y cada sombra
me vuelve a ver.
Si digo tu nombre,
se rompe mi voz.
Si callo tu ausencia,
me escucha Dios.
Cenizas de marfil,
lloran por mí.
En este piano
te vuelvo a perder.
Cenizas de marfil,
arden sin fin.
Todo lo nuestro
se niega a morir.
La luna mira
desde el cristal.
Sabe secretos
que no sé guardar.
Una guitarra
lejos de aquí
contesta suave
lo que escondí.
Pero el piano
manda el dolor.
Cada silencio
tiene tu voz.
Y si la noche
me quiere salvar,
que cierre sus ojos.
No quiero escapar.
Fui tu promesa.
Fui tu final.
Fui la mentira
que quiso llorar.
Cenizas de marfil,
lloran por mí.
En este piano
te vuelvo a perder.
Cenizas de marfil,
arden sin fin.
Todo lo nuestro
se niega a morir.
No vuelvas ahora.
No pidas perdón.
Ya hice del duelo
mi última canción.
No toques la herida.
No prendas la luz.
Hay amores muertos
que cargan su cruz.
Ay, corazón,
qué forma de arder.
Llorar en silencio
también es vencer.
Cenizas de marfil,
lloran por mí.
En este piano
te vuelvo a perder.
Cenizas de marfil,
arden sin fin.
Todo lo nuestro
se niega a morir.
Cenizas de marfil,
déjame ir.
Ya no soy sombra.
Vuelvo a vivir.
El piano calla.
La noche también.
Cierro los ojos.
Te pierdo otra vez.
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